Hace algún tiempo en mi cabeza la mayor parte del tiempo existía esta pregunta ¿Cómo superar el Miedo? Fue hace unos meses cuando descubrí la verdadera esencia del miedo y hoy quiero compartirla contigo.
Ese momento…ese momento que lo tienes delante, lo estás observado a la cara, frente a frente con tu miedo. Ese miedo que has llevado cargando a la espalda tanto tiempo, tantos años, quizá ya no recuerdas cómo surgió, de donde viene ni cuando comenzó a pesar.
En estos momentos sólo sabes que está aquí, contigo, y que es ahora cuando por fin te atreves a mirarlo, a aceptarlo, ya no te resistes a él, sólo lo observas con curiosidad, lo sientes en cada fibra de tu ser, pero ya no hay dolor, no hay malestar, simplemente, lo estás sintiendo…
Hablamos del miedo con temor y rechazo, parece que tener miedo es lo más desastroso del mundo, que lo peor que nos puede pasar es experimentar esta emoción. Desde luego que esta forma de pensar es la que nos han enseñado desde bien pequeñitos “no tengas miedo, eso es de niños pequeños” nos decían nuestros mayores, nos enseñaron a ocultar nuestro temor y, en todo caso, a enfrentarnos a él, no se nos dijo que hay otra opción…
Parece que está mal visto decir que tenemos miedo y más aún si te mueves en el mundo del desarrollo personal, en el que podemos escuchar por todos lados el “enfréntate a tus miedos” “vence a tu miedo…” muchas frases y cursos que siguen inculcándonos la idea de que al miedo hay que vencerlo.
Si me sigues, ya sabes que soy bastante distinta en cuanto a las ideas que circulan en torno al crecimiento y desarrollo personal, y en este aspecto no es diferente. Querido amigo, querida amiga, YO TAMBIÉN TENGO MIEDO, cada día, miedo a muchas cosas y la mayoría de ellas son “irracionales”. En el tiempo que llevo dedicándome al mundo del crecimiento personal una de las lecciones más importantes que he aprendido ha sido el no enfrentarme a mis miedos, no odiarlos ni intentar que desaparezcan, sino todo lo contrario…
No podemos vencer a una emoción con la razón, es imposible. Si nos enfrentamos a nuestro miedo, puede que en una batalla en concreto ganemos, sin embargo, créeme, el miedo volverá y comenzaremos una nueva batalla interna con él, una tras otra el resto de nuestra vida, ese es el precio a pagar de enfrentarse a tus miedos…
Nunca dejaremos de tener miedo, por muchas batallas que libremos. ¿Sabes? Yo prefiero el amor a la guerra. Este miedo que siempre me va a acompañar hasta el último momento de mi vida, este miedo que me indica que estoy vivo en este maravilloso mundo, a este miedo prefiero tenerlo como amigo que como enemigo. Piensa que siempre conocerás mejor a tu amigo que a tu enemigo, sabrás como tratarlo y te sentirás cómodo a su lado.
Y el primer paso que das para hacer amigos, ¿cuál es? Eso es…aceptar su presencia, te presentas ante él y das un paso para conocerlo, te interesas por él. Este amigo en particular, tiene muchas cosas que decirte y enseñarte. A este amigo lo tienes a tu lado, no delante ni detrás. Es oscuro sí, pero ya no pesa, puede que te oscurezca por un momento la visión, sin embargo, ¿sabes cual es la buena noticia? ESTÁS BRILLANDO, esa luz que emana de ti cuando haces lo que siempre has querido y que por estar en guerra con tu miedo nunca has hecho. Ese brillo que hace que tu miedo también se ilumine y, JUNTOS ILUMINAIS EL RESTO DEL MUNDO.
Doy gracias todos los días por haber aprendido esta maravillosa lección, ya que gracias a ella, hoy puedo ver como muchas personas experimentan estos procesos de cambio y transformación. Cuando están enfrente del camino de brasas, enfrente del camino de cristales o están a punto de dar el paso para romper una flecha, es en esos momentos cuando miras cara a cara a tu miedo, lo sientes en cada una de las fibras de tu cuerpo y magníficamente, LO ACEPTAS, lo tienes a tu lado y vas junto a él a caminar, a dar ese último paso que por estar luchando contra el nunca has dado. Comienzas a FLUIR CON TU MIEDO, deja de ser una carga para empezar a ser un magnificado acompañante, en definitiva, UN MAESTRO.

