En la actualidad y en la sociedad en la que vivimos todo lo tenemos YA, queremos conocer algún dato y lo sabemos con tal solo sacar el móvil del bolsillo, incluso podemos enfadarnos si la conexión tarde más de dos minutos en llegar, tenemos cada vez más restaurantes de comida rápida que nos sirven la comida en menos de diez minutos y si son 10 minutos y medio nos quejaremos por la lentitud del servicio.

Tenemos mucho trabajo, muchas personas que atender y el mundo cada vez va más rápido, tan rápido que se nos ha olvidado parar y mirar el presente, lo que tienes en estos momentos a tu alrededor que seguro que es maravilloso.

Se nos ha olvidado contemplar la magia de este mundo, la magia que en cada momento ocurre en las calles con simples actos, se nos ha olvidado que este mundo se nos puede acabar, esta realidad en la que vives puede finalizarte en un abrir y cerrar los ojos, o mejor dicho, en un bloqueo y desbloqueo de tu SmartPhone.

Somos presa de un mundo que va a la carrera y esto ha generado y seguirá generando personas impacientes y ansiosas por ganar esta carrera, sin saber siquiera cual va a ser el premio.

 

Parece que obviamos que para que haya vida, para que surja un milagro y de un cuerpo salga otro cuerpo hay que ser paciente, hay que esperar 9 meses, sin paciencia y sin espera no hay magia, no hay vida y eso lo sabe muy bien el neo nato; hasta que no esté preparado no saldrá, independientemente de las prisas de la madre. Sin embargo, parece que esta característica se esfuma, o mejor dicho, los adultos la eliminan del niño a los pocos meses de vida, con prisas para que coma, para que diga su primera palabra, para que aprenda a vestirse. Creamos desde la infancia generaciones estresadas y guiadas por las prisas.

Y de esta manera se crea una de las emociones y, posteriormente, una de las características de la personalidad más molestas, la impaciencia.

DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS

La impaciencia ya viene desde la niñez y si no se gestiona adecuadamente puede perdurar de manera perjudicial en la edad adulta. Todos conocemos a esta persona que decimos “se comporta como un niño”. Su comportamiento está basado en la recompensa inmediata, quieren ver sus caprichos cumplidos YA y se enojan si no es así. Estás características en un adulto provienen de una mala gestión de su autocontrol y paciencia en la infancia.

La característica de las personas que sienten frecuentemente impaciencia, a partir ahora, personas impacientes, es que se irritan con pequeñas cosas, sobre todo a la hora de espera a algo o a alguien. Llegando el punto que se apodera de ellas la emoción y provocando un fuerte enojo, actuando y diciendo cosas de las que más tarde pueden arrepentirse, lo que ya conocemos como el secuestro emocional.

EMOCIONES SUBYACENTES A LA IMPACIENCIA

La impaciencia también puede venir de la inseguridad, miedo y preocupación por no obtener los resultados deseados en el futuro. Fruto también de la intolerancia, la ira y la reacción ante lo que se considera injusto, la ansiedad y cierta dificultad para la comprensión, la indignación y la angustia.

En la persona impaciente toda contrariedad se magnifica, reacciona abruptamente ante cualquier acontecimiento sin existir una relación lógica entre la contingencia y la reacción. Fruto de estas reacciones a veces sus decisiones tampoco parecen ser muy lógicas.

EL ESTRÉS FRUTO DE LA IMPACIENCIA

Uno de los mayores problemas que genera la adopción de esta emoción como rasgo de la personalidad es el estrés que se genera tanto a si mismo como a los demás. La mente trabaja a mil por hora, planeando en cada momento, diseñando, implementando, etc. “Planea lo que va a comer mientras desayuna y la cena en la comida” no disfrutando ni de lo uno ni de lo otro.

En cuanto a la relación con las otras personas, predomina la exigencia de compláceme y date prisa en hacerlo. No se está captando que se puede llegar a agobiar a las otras personas que no están dominadas por esta emoción, que viven su vida con calma. Durante el tiempo en que la impaciencia nos secuestra no nos estamos viendo a nosotros mismos, no permitimos ver qué enseñanza podemos aprender durante el camino, sencillamente queremos el resultado ya.

LAS PRISAS POR SER FELIZ

Resulta curioso que cuanto más te impacientes más se retrasa la respuesta que esperas y cuando dejas de impacientarte y de buscar será cuando llegará. La vida no es un resultado, sino un día a día que hay que VIVIR, en los que hay que aprender de las experiencias y no tacharlas porque no nos sirven para llegar más rápido a nuestro resultado.

El mayor deseo del ser humano es ser feliz. Todo lo que hacemos está ligado a este último deseo y objetivo, queremos ser felices, sin más. El problema es que vemos la felicidad condicionada al logro de un objetivo y queremos ser felices YA. ¿Cuál es el problema? Que se puede ser feliz ya, ahora bien no se puede conseguir todo ya y cuando consigas lo que querías seguramente después querrás otra cosa, condicionando de nuevo tu felicidad a la consecución de algo nuevo que, seguramente, lo querrás para ya.

REMEDIOS CONTRA LA IMPACIENCIA

  • Disfruta el camino, está muy bien ponerse metas y objetivos ahora bien, estará mucho mejor si disfrutas cada paso que das en pro a esas metas y objetivos, además seguramente el camino se te haga mucho más corto.
  • Aprende de cada una de las esperas, saca algo bueno de ellas, observa cada detalle, observa a tu alrededor sin juicio, simplemente aprendiendo algo nuevo en cada espera de tu vida, seguro que te quieren decir algo.
  • Aumenta tu amor propio, todo lo que necesitas está dentro de ti. La impaciencia es fruto de algo que se quiere conseguir externo, cuando lo interno que es mucho más valioso lo tenemos al alcance de nuestra mano.
  • Sométete voluntariamente a situaciones que te generen impaciencia, practica la paciencia y haz de ella un hábito.

El más importante de todos, aprende a ser feliz, simple y llanamente feliz.

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