Recuerda la última vez que has “concedido” tu perdón a alguien:

 ¿Qué motivos te han hecho perdonar una acción de otra persona que te ha causado dolor?

¿En qué medida ha sido sincero ese perdón que has “concedido”?

¿Lo has dado porque te lo han pedido o ha salido de ti?

Las líneas que a continuación te escribo son fruto de muchas experiencias y reflexiones en las que he comprendido ciertos aspectos del comportamiento y naturaleza del ser humano que me han ayudado a mejorar mi vida y percepción de la misma. En este caso, tiene que ver con la capacidad de perdonar y el beneficio que nos produce el hacerlo por propia voluntad y no por solicitud externa.

Hace poco comprendí que nos comportamos y actuamos de la mejor manera que sabemos hacerlo atendiendo a la realidad en la que nos encontramos y a los recursos con los que disponemos (ya sea el entorno, la familia, las experiencias vividas, la madurez mental, inteligencia emocional, capacidad de empatía, amor propio, etc.). Cuando pude interiorizar este gran aprendizaje pude comprender que yo hubiera actuado de la misma manera y en la misma situación si hubiera contado con idéntica realidad y recursos.

Tras esta revelación, también pude llegar a la conclusión de que los actos de otras personas que me han causado daño no fueron, generalmente, atentados personales contra mi persona ni tampoco fueron intencionados, la típica frase de “no es por ti, es por mi” cobra todo su sentido y veracidad. En realidad lo hizo lo mejor que pudo…

Y tras estas dos comprensiones, ME LIBERÉ, me liberé del amargo sentimiento de la resignación y el rencor, empecé a perdonar tanto a la persona como a mi misma por soportar ciertos comportamientos que me hirieron, comencé a ser libre de emociones incómodas que no llevan a ningún sitio teniendo en cuenta la simple idea de la empatía y la comprensión de la dificultad que supone ser un ser humano.

También pude darme cuenta que no perdonamos por y para la otra persona, sino que perdonamos para liberarnos a nosotros mismos de la cárcel en la que nos encerramos cuando experimentamos las sensaciones que producen el resentimiento y el rencor. Decidimos “correr un tupido velo” y comprender sinceramente las circunstancias e intención positiva de las acciones de una persona, porque no creo en la maldad per se, sino en circunstancias que podrían haber sido gestionadas de otro modo si la persona “malvada” hubiera sido comprendida antes y se hubieran cubierto sus necesidades de otra forma.

 No perdones por hacer un favor a la otra persona, perdona para hacértelo a ti.

Hubo un momento en el que no te quisiste lo suficiente y permitiste experimentar el dolor y sufrimiento por los actos de otra persona, ahora es el momento de remediarlo y, créeme, que el dolor no desaparecerá hasta que no hayas aceptado el hecho causado, las circunstancias producidas y tu parte de responsabilidad. Deja de victimizarte por lo que te hicieron y asume un papel proactivo, elige que hacer con el sufrimiento que experimentaste ¿lo guardarás como orito en paño en un hueco de tu corazón alimentándolo con más dolor o lo sacarás a la luz y lo utilizarás en tu propio beneficio para después liberarlo?

 Tú eliges que hacer con todo ese dolor y sufrimiento que un día experimentaste y si lo que quieres es librarte de él lo primero es perdonar.

No hablo de dejar que todo el mundo hago contigo lo que quiera, por supuesto debes tener tus propios límites y dejarlos bien claros, ahora bien, si alguien los traspasa ten en cuenta que lo hizo actuando de la mejor manera que sabía, quizá no conocía tus límites, quizá sí y a pesar de ello no supo hacerlo mejor, quizá quiso hacerte daño deliberadamente, ahora bien ¿qué le depara a una persona que busca hacer daño a propósito? Nada bueno y por ello recogerá lo que ha estado sembrando, por ello no se merece que albergues emociones tan autodestructivas en tu interior, no se merece un hueco en tu corazón.

 Con el perdón nos liberamos, todo acto tiene una intención positiva que ahora mismo puede que seas incapaz de vislumbrar, no te preocupes algún lo harás y comprenderás que todo acto tiene unas consecuencias y son éstas las que tu eliges, nadie puede hacerte daño sin tu consentimiento, NADIE, y si lo llega a hacer tú decides si mantenerlo contigo a través del rencor y el resentimiento o dejarlo ir.

 NO PERDONES POR NADIE, PERDONA POR TI.

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