La fórmula de la felicidad se aplica a todas las definiciones posibles y nos ayuda a enfocarnos en cómo podemos llegar a ser felices.
¿Cómo definir un concepto tan subjetivo como la felicidad?

Si preguntas a las personas que te rodean, cada una de ellas te dirá lo que es la felicidad desde su punto de vista. Es muy probable que muchas respuestas te llamen la atención, por estar lejos de tu propia idea de lo que implica ser feliz, sentirse feliz o saber lo que es la felicidad.

Si buscas la definición en la Real Academia Española, te encuentras lo siguiente: “Estado de grata satisfacción espiritual y física”. Lo cierto es que cada uno de nosotros definimos ese estado de diferentes formas.

Para algunos la felicidad es tener salud por encima de todo, para otros es la ausencia de inconvenientes.

Algunos la definen como lo que sienten cuando viajan y hacen cosas excitantes, para otros la felicidad es rutina sin sorpresas que impliquen cambios. Unos unen la felicidad al amor en plenitud, otros sólo se sienten felices cuando cultivan la soledad y el autoconocimiento… Y así podríamos encontrar tantas definiciones de felicidad como personas en el mundo.

Lo cierto es que la felicidad tiene una fórmula que se aplica a todas las definiciones posibles y que nos ayuda a enfocarnos en cómo podemos llegar a ser felices.

SA = SD

Esta fórmula de la felicidad se traduce de la siguiente forma: cuando la situación actual (SA) es igual a la situación deseada (SD), entonces nos sentimos felices; es ahí cuando experimentamos un estado de grata satisfacción espiritual y física.

Cuando esta fórmula no se cumple en nuestra vida, padecemos dolor, que nos hace sentir infelices.

A lo largo de la vida el dolor es inevitable, todos vivimos situaciones dolorosas de las que no podemos escapar. Cuando el dolor se instala en nuestro día a día, lo que sucede es que escalamos en gravedad del dolor al sufrimiento, y es aquí donde podemos decidir, porque el sufrimiento sí que es evitable.

Si somos capaces de trabajar con el dolor, para transformarlo en aprendizajes de vida, somos capaces de eludir el sufrimiento, y si decidimos no quedarnos estancados en ese dolor y poner el foco en conseguir que la fórmula funcione, es decir, que mi situación deseada sea mi situación actual, tomaremos decisiones que nos acerquen a ese objetivo.

Por eso el coaching es tan efectivo para mejorar las vidas de las personas. Porque se trabajan objetivos concretos que nos acerquen a esa situación deseada diferente de nuestra situación actual y, por tanto, nos ayuda a que esa fórmula de la felicidad se cumpla y nos brinde una realidad creada por nosotros que nos aporte bienestar.

Vivimos decidiendo, pero muchas veces decidimos de manera automática, sin realmente decidir, sólo dejándonos llevar por lo que se supone que tenemos que hacer, por lo que se espera de nosotros, por lo que creemos que es lo correcto…

Toda situación se puede mejorar tomando mejores decisiones y, tomando mejores decisiones,  obtenemos mejores resultados; y obteniendo mejores resultados, nos acercamos sin pausa a esa situación deseada.

Si tenemos presente esta fórmula de la felicidad en nuestro día a día y empezamos a hacer cosas que acorten la distancia entre lo actual y lo deseado, es posible que, empezando por mañana, las cosas empiecen a cambiar.

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