El ser humano es un ser emocional y desde su nacimiento hasta su muerte pasa por distintas fases de aprendizaje. La Inteligencia Emocional es uno de los grandes aprendizajes que puede llegar a experimentar una persona.

Sabemos que cuando somos pequeños y nos caemos, nos levantamos y si nos duele , lloramos, o si vemos que nuestro padre, viene de trabajar y nos da un beso y un abrazo, nos alegramos y si nuestra pareja o la persona que nos gusta, se acerca, tenemos sentimientos de amor y de sentirnos amados.

Llorar, Reír, y Amar son emociones que durante el día oscilan a nuestro alrededor, durante muchos minutos, muchos segundos, muchos días de nuestra vida.

Sin embargo, en esta sociedad que nos ha tocado vivir, todos son excesos, todo es rapidez, todo es un no parar, vivimos acelerados y necesitamos más horas en el despertador y en el reloj del salón. No nos enseñan a sentir nuestras emociones, pararnos y reflexionar. En el colegio la Inteligencia Emocional es una tarea pendiente desde siempre. 

¿ No pensáis que se nos escapan a lo largo del día muchas emociones buenas? , ¿ Por qué sólo nos damos cuenta de que existen cuando las emociones son malas, como la frustración, pena, tristeza, estrés?

Es por eso que muchas veces cuando cumplimos años , nos damos cuenta de que » se nos ha pasado la vida volando» o cuando una persona anciana entra en mi consulta y me dice » Chica, disfruta tu juventud, que es un divino tesoro» y te lo dicen con ternura y con nostalgia. Porque probablemente han dejado atrás una vida que no era la que ellos querían, o no han conseguido los objetivos que se habían planteado, o simplemente no han sido conscientes de aquellos momentos que tenían emociones buenas a su alrededor, no tenían una buena base de educación en Inteligencia Emocional.

Por eso yo te invito a EMOCIONARTE, a cambiar aspectos de tu vida que no te gustan o que no consideras que son adecuados y sobretodo a  gestionar los momentos duros del proceso vital.

Quien diga que la vida es un camino de rosas no es cierto, en la vida se plantean problemas, y esos problemas no siempre tienen solución o al menos una solución que esperamos. Esto ha generado durante generaciones la capacidad de adaptarnos a circunstancias difíciles o no esperables y se llama resiliencia. Esta capacidad de nuestra mente nos ayuda a adaptarnos a estas situaciones, a ser un mecanismo de supervivencia mental.

La vida del ser humano y por lo tanto, la nuestra está sustentada en cuatro patas fundamentales, una prioritaria que es el amor, otra la amistad o circulo social, otra la familia y otra la salud.

Durante nuestro crecimiento el niño, que luego se hace adolescente y después se hace adulto, vive distintas situaciones e interacciona con el medio y la sociedad que le rodea, siente una serie de emociones y esto origina unas creencias. Estas creencias puedes ser positivas y motivar una alta autoestima y una mejor adaptación de la persona a los problemas o pueden ser negativas o limitantes que condicionan una bajo estado de animo y una tendencia a la negatividad y al catastrofismo.

Pero tengo una buena noticia y es que esto no viene de serie, no viene en nuestros genes, no viene en nuestras células , viene de nuestras vivencias, de nuestras decepciones, de nuestras alegrías, de momentos que hemos pasado en la familia, en los amigos, en la sociedad, en el colegio etc., y eso, unido a la capacidad cambio de nuestras neuronas  y adaptarse a las dificultades, nace nuestra propia esencia.

Somos responsables de nuestra vida y por tanto podemos mejorar para que ésta sea, justo como queremos, que sea.

 

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