“He perdido mi trabajo, mi pareja me ha dejado y ha fallecido un ser querido. Soy una desdichada, no tengo dinero, mi hogar peligra y he perdido a dos personas muy importantes para mi injustamente ¿Qué he hecho yo para merecer esta insufrible situación?”
Seguramente habrás pasado por alguna situación similar a éstas a lo largo de tu vida, en la que ves como todo tu mundo se desmorona en cuestión de minutos. Hace poco charlé con una persona que atravesaba una situación similar y cuando le expliqué que debería ACEPTAR la realidad tal y como es, que ese sería el primer paso para salir del atolladero, me replicó extrañado que como se iba a quedar ahí sin hacer nada! ¿Por qué tenía que aceptar su desastre de vida? En ese momento, me di cuenta que todavía no está claro el concepto de ACEPTACIÓN y la gran diferencia en cuanto a la RESIGNACIÓN. Por ello que, bolígrafo en mano, me dispongo a explicar algunas de las grandes diferencias que existen entre estos dos conceptos.
DOLOR x RESISTENCIA = SUFRIMIENTO
En esta ecuación podemos apreciar como, cuanto más nos resistamos al dolor (ya sea emocional o físico) mayor será nuestro sufrimiento que es, en realidad, el que genera un malestar más fuerte y persistente en el tiempo.
Cuando nos resignamos todavía estamos resistiéndonos a la situación, estamos esperando a que ésta cambie (incluso inconscientemente). En cambio, si aceptamos la situación, dejaremos de preguntarnos el ¿Por qué ha pasado? y comenzaremos a preguntarnos el ¿Para qué ha pasado?.
ACEPTACIÓN: “ESTO ES LO QUE HAY, ¿QUÉ HAGO CON ESTO?»
RESIGNACIÓN: “ESTO ES LO QUE HAY, ¿POR QUÉ A MI? SI FUERA DISTINTO SABRIA QUE HACER”
Cuando aceptamos y comprendemos nuestra situación, nos permitimos buscar y encontrar nuevas opciones que nos permitan seguir adelante.
“Si acepto algo que no he comprendido, no lo he aceptado, me he resignado”
Asumimos el papel de VÍCTIMA cuando nos resignamos, no nos responsabilizamos de nuestras propias circunstancias, dejando nuestra existencia a la orden de decisiones de terceros o en manos de nuestro caprichoso destino. Buscando desesperada y frustradamente un motivo justo que nos explique esta mala racha, en estos momentos te digo “DEJA DE QUEJARTE Y EMPIEZA A OCUPARTE”.
Cuando aceptamos, nos damos cuenta que la realidad no es ni buena ni mala, la REALIDAD ES, es nuestro cerebro, nuestro mapa mental el que interpreta dicha realidad y la clasifica. Comenzamos a ser dueños de nuestro propio destino y existencia cuando nos responsabilizamos de ésta y de todo lo que nos ocurre. No será responsabilidad tuya, por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido, ahora bien, sí que serás responsable de lo que haces con esa situación, tuya será la responsabilidad de SALIR ADELANTE.
“ La diferencia entre el éxito y el fracaso radica en como interpretamos la realidad”
También podemos encontrar grandes diferencias entre estos dos conceptos en las relaciones sociales o las de pareja. Cuantas veces habremos escuchado que «se ha resignado a cambiar a esa persona», aún así sigue sin aceptar que la persona que está a su lado es como es, todavía existe ese resentimiento y resquemor hacía su la otra persona, deseando que por algún milagro cambie a su gusto y, mientras la relación y la propia persona resignada sigue deteriorándose por una falta de aceptación y comprensión mutua.
Tan sólo mantendremos una relación sana cuando aceptemos de corazón tanto a la otra persona como a nosotros mismos. Muchas veces lo que no aceptamos de nuestra propia persona es lo que vemos reflejado en la otra. Acepta a las personas tal y como son y luego decide si te convienen o no.
«Para aceptar plenamente a otra persona, primero deberemos aceptarnos a nosotros mismos»
En definitiva, aceptar es dejar de lado el pasado, responsabilizarte de ciertos hechos que te han ocurrido y/o asumir que ha pasado y ELEGIR que hacer con ellos, en fin, consiste en asumir un papel protagonista y proactivo de tu propia vida.
“La aceptación es un billete de primera clase hacía la libertad» Eva de la Coba.

Excelente. Gracias!